Vuela, vuela, vuela, diosa Nadia

itaca

Vuela, vuela, vuela, te dijeron tus diosas envueltas en tus sábanas blancas aquella noche temprana de tu nueva vida alada. Vuela, vuela, vuela, abre tus ventanas, descubre, curiosea, deja que la vida te atraviese con su crudeza, sus enigmas, su llanto, su temor, su verdad. Vuela, vuela, vuela y haz tu revolución, la de tus deseos, grítala a los cuatro vientos, dibújala, déjate llevar por esa magia que te acompaña desde niña, que te ayuda, te cuida, te escucha, te susurra, te quiere descubierta, desnuda y auténtica, cargada de ideas, creadora y soñadora, conquistadora, poderosa, embrujada, escaladora, sabedora de tu destino, consciente de la fuerza de tus brazos, tu vientre, tus manos, de tu sangre acelerada, de tu bombeo, tu impulso, tu razón, de ti y de tus entrañas que braman un grito a tu vida atravesada, de tus aguas saladas recorriendo tus venas, tus océanos llamándote de madrugada, de tus ganas, tus ganas, tus ganas.

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Las gaviotas de Nadia

Hola, Nadia. He vuelto. Estoy aquí y yo nunca me fui. Siempre te seguí en tus pasos, tus búsquedas, hallé contigo respuestas, leí contigo libros, escribí contigo poemas de amor, paz y guerras, de reencuentros, te acompañé en tu paz y en tu camino a tus recuerdos, te di la energía en esos días de baños, desnudos al sol, te acaricié el rostro en las noches de cine al raso, en las noches de silencio y música. Te mimé, te quise, te amé en lo más profundo de tu esencia, que irradiaba inteligencia, sabiduría, madurez, escucha en esos días de pasos adelante, de pararse para avanzar, de cuidados infinitos, delicados, de buenos alimentos cocinados con amor, de sol radiante e ideas de extrema lucidez, de pasión por la vida, las palabras y el cine en su plenitud más dichosa, lujuriosa, amante de los pequeños detalles, las horas al atardecer con café y magdalenas, de tableros de madera de pino en los que bordar planes, día a día, decorar renglones en los cuadernos de las utopías, de otra vida despacio es posible, de una vida de ensoñaciones que duermen envueltas en algodón cada noche y despiertan más altas, fuertes, dispuestas a ser vividas y viajadas.

Hola, Nadia. He vuelto. Estoy aquí y nunca me fui. Hasta que tú misma me abandonaste. Demasiado pronto, cuando aún tu vida estaba enterneciéndose. Tú, tierna y triste aún, creíste que alguien podía ya ocupar mi lugar. Y no. No era yo. Todavía no. Pero sé que me necesitas de nuevo. Y a ti la vida te lo puede perdonar todo, porque eres de este mundo, real, auténtica, humana. Y te han acompañado seres de luz que no se apartaron de tu camino pese a tu indiferencia. Y siguen allí. Tus ángeles resguardándote de tus miedos. Tus madrinas, tus hadas benditas. Tu luz y la que proyectaron en ti dándote las ganas aladas para llorar, cantar, palpitar y echar a volar. Vuela, vuela, vuela, vence a los dragones, asalta los océanos, como las gaviotas de Istanbul, y ama, ama, ama.

Nadia, el mar y el amor

Nunca hubo en tu piel tanta dulzura, nunca en mi mirada tanta pasión, nunca en mi seno tanto deseo, nunca en mi cuerpo tanto calor, nunca en mis manos tantas ganas de tocar, tanta fuerza para abrazar, tanta suavidad en mis yemas, tanto amor al peinarte con mis dedos, tanta vida encendida y tanta luz con la que envolver tu mar, amor, tanto silencio en nuestras camas, tanta distancia blanca, azul, fría, nevada y soleada de los días de pascua, tanta vida por sorber, amor, tanto amor que vivir en nuestras noches de luna y sol, amor, tanto mar por surcar, amor, tanta blancura y delicadeza con la que abrir nuestras almas cansadas, amor, tantas vueltas a nuestras rondas, tantas veces caer exhaustos a los pies de cualquier escalera, tantas palabras, tantos sí, sí, sí, tantos sí, quiero, sí, tantos ahora, tantas esperas, tanta paciencia, amor, tanto amor, vida, tanto pálpito, tanto sueño, tanto soñar, tanto te quiero callado, tanto dicho en silencio, tanto gesto, tanta belleza en tu descanso, tanta verdad en tus ojos, tanto por vivir, tanto por amar, amor, tanto que decir, sentir, ver, tanto que susurrarte, acariciarte, tanto mar y tanto amor, tanto bueno, todo, amor.

Las flores del almendro en el mar de Nadia

Nadia en su noche en blanco cuenta las flores del almendro que se deshojan en su estómago, blancas, negras, rojas, tiernas, gelatinosas, fibrosas, aterciopeladas, achocolatadas, esponjosas, melosas.

Nadia en su noche en blanco hace vibrar las texturas de sus amapolas, lirios, rosas, geranios antes de lanzarlas a sus océanos de amor, apasionadas las flores corretean por las olas en el espigón de Sant Adrià, surcan las rocas y juegan con nuestros fulares al viento rompiendo las brisas de nuestros sueños acongojados, penetrando en ellos con el genio de nuestras mentes, el dolor de nuestros recuerdos, la inocencia de nuestra pureza, la autenticidad de nuestras almas, nuestra innata experiencia, atravesando nuestras miradas afiladas, pardas, verdosas, grisáceas, endurecidas y lagrimosas, profundas, cultas, gatunas… se funden deseosas con el mar guerrero que salta a nuestros pies anclados entre las moles redondeadas de la costa y nosotros… adivinamos nuestros perfiles, adivinamos nuestros pensamientos, nuestra música interior, el ruido del abandono, del suspiro entrecortado por el tic-tac de las aguas del reloj, el nostre cor, la nostra hope, el noir desir, this is the sea… nuestro particular arte de vivir.

Nadia en su noche en blanco salta las rocas y alcanza todas las flores del almendro, Nadia en su noche en blanco las esparce libres entre las blancas espumas de las olas de su mar y sus sábanas blancas, despliega sus alas, su conciencia, su amar, Nadia en su noche en blanco comienza despierta a soñar.

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Nadia desembarca

“…los sueños son materia en movimiento, embriones que se desarrollan y crecen, para eso los que los tenemos necesitamos hacerlos evolucionar y eso se logra más y mejor si se comparten.”
“No te quedes viviendo en la esclavitud de un sistema prefabricado. Fabricad el vuestro.”

msatrapi_persepolisNadia despierta con las imágenes muy vivas en su cabeza. Va recordando instantes de ese viaje onírico que le ha sumergido en lo más profundo de sus sensaciones, de lo que late escondido en su cuerpo y en sus sentidos y que la luz del día los duerme para que no salgan ni emprendan por si solos el temido desembarco. Cuánto sueño ha despertado hoy al amanecer, cuánto amor, cuánta pasión, cuánta vida, cuántas ganas de correr, de andar, de transportar los sueños en cada nueva experiencia, cuánto tiempo perdido revivido en la oscuridad de las noches de fiebre y escalofríos.

Nadia despierta con el cuerpo entrelazado a otro, como raíces que han querido pegarse a lo que una más quiere y desea, a seguir unida a la vida en su más tierna y cruda etapa, la de la espera, la esperanza, el deseo, las ganas. Como fruta que necesita de savia para acabar de madurar y caer y alimentar otras vidas con su dulce jugo. Así despierta, rodeando sus alas a las ramas crecidas bajo el sol y el agua, que le den luz, calor, energía y vida.

Nadia enjuga lágrimas. Se recrea en su sueño de oro. Ha sido una vuelta a Ítaca profunda, bella, soñada, sola. Nadia ha embarcado acompañada, él salta en el primer amarre. Ella sigue, atada a sus cosas, sus mochilas, sus ropas, sus prendas, no puede perder nada. Viste su anorak prestado, como prenda que le protege del frío y la soledad. No encuentra las botas negras que calza cuando quiere ir a paso rápido y firme por las calles de la ciudad. Intenta hacer memoria de dónde tiene todas sus cosas, desperdigadas de proa a popa por el barco, no le da tiempo a desembarcar en el segundo amarre, pero no se demora en llegar a puerto. Piensa en el siguiente, ganará tiempo para seguir pensando en sus cosas, tener toda su vida bien atada entre maletas, mochilas y regalos que le mantienen ligada a sus sueños.

Llega la hora de desembarcar y Nadia lo hace por inercia. La vida la sitúa ahora en aquel puerto, sin saber bien si quiere estar ahora allí, en su santuario, con sus cosas, sola. Siente que una parte de ella está en esa bola del mundo que ha abrazado con todas sus fuerzas, piel con piel con otra alma, que a la vez la abraza a ella formando una gran esfera, luminosa, llena de sol, mares, islas, fuego y aire. Es la vuelta a Ítaca equivocada. Quiere volver a embarcarse, recuperar su calzado para caminar, sus abrazos perdidos y sus pequeñas raíces, sus almas, sus sueños, sus palabras compartidas. Quiere vivir aquí, contigo.

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louder than bombs

 

vistillas

Aquella noche de verano pensé en escribirme, escribirme, contarme a mí misma con palabras apasionadas lo que se me removía en mis pensamientos.

Solo alcancé a taponar mis oídos con el sonido de los latidos del corazón, un sonido que rompía barreras en esa noche de verano,

junto al mirador de La Violetera, en esa mágica pradera verde con vistas a la ciudad a través de un puente acristalado…

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…y sentir esa música que surgía de las entrañas

para expresarse con toda la crueldad, toda la miseria, toda la tristeza, la melancolía, la violencia, con todas las lágrimas, con toda la ternura, con todo el amor que crea esa pócima de sentimientos y se transforma en ganas,

en pasión, en sueños, en vida, vida, vida,

en amor.

Hoy vuelve a latir en mí transformada esa melodía, ese sonido más fuerte que las bombas,

que rompe en las entrañas,

estalla en el pecho incontrolable, loco, vivo, rojo, negro,

del color y el olor de la tierra mojada,

de la lluvia caer intensa en la primera tormenta del otoño,

para dejar a nuestros pies la vida recién nacida,

para dejar la vida a flor de piel,

mojada del todo, mullada sencera,

louder than bombs,

louder than bombs,

louder than bombs…

Vitosha. La montaña de Nadia

nevskiHoy habla Nadia. Nadia en Sofia en el día de su onomástica. Hoy Nadia se reencuentra tan embriagada que solo la magnética montaña Vitosha es capaz de comprenderla y guiarla de vuelta a casa por estas calles de penumbra, pobredumbre y alegre humildad de las gentes balcánicas. Escucha las voces búlgaras en la catedral de Alexandar Nevski y siente que están, en su día de celebración de sí misma, avivando el corazón de Nadia, asustada, sola, sensible, incapaz de articular sonido más bello que sus lágrimas para aplaudir el regalo de esas voces búlgaras a la entrada del templo ortodoxo.

No hay sonidos ni palabras para el día de hoy, el de su onomástica. Está Nadia ensimismada, absorta, misteriosa y magnetizada por la montaña. Nadie le quita la sonrisa de su corazón aunque llore y llore sin consuelo. Se abraza a sus memorias de un ayer que se quedó fundido de tanto darle calor, se abraza a su amiga y revive de sus cenizas, se despide de sus amigos en ese tren que sabe que no debe tomar ahora, en este momento en el que solo desea quedarse sola, sola, sola.

Vuelve a casa leyendo en cirílico y encontrando muy escondido su sentido de la orientación, recordando el N-D-K que le lleva a casa: National Palace of Culture. La dirección opuesta para ella es ahora el camino de vuelta al museo de sus recuerdos de los últimos días vividos en su Pompeia: pasión, conocimiento, dolor, desarraigo y guerra. El cuadro del Gernika en su memoria. El arte del Reina Sofía como arma que llevarse consigo en el corazón hasta esta ciudad de nombre en bellas letras cirílicas: София.

Todo es en femenino en esta balcánica urbe: Vitosha, Витоша, su montaña, Bulgaria, Република, de “blagi hora”, personas buenas… Gentes humildes, serias y risueñas, de mirada profunda, de palabras suaves, pacíficas, balcánicas y mediterráneas, eslavas y latinas en sus haceres, elegantes, tranquilas, de gestos profundos, de inteligente trato.

Nadia encuentra en esta mezcla algo parecido a ella y diferente a su entorno, algo cercano en sus voces y algo lejano en sus códigos, pero encuentra el camino entre tantas bifurcaciones, mágica y entrañablemente, misteriosa y racional, lógica y sobrehumana por llegar a tientas, sin luz, ni huellas ni miradas, a la posada de la montaña mágica, para respirar, cerrar los ojos y dejarse mecer por la magia de esta ciudad.

Y de Sofia a… los versos de Istanbul

…quiero que sabes lo que más me gusta en mi última viaje de Madrid a Istanbul es conocerte y charlar contigo. La próxima vez que vengas a Istanbul ya sabes que aquí en la isla tienes una casa de una amiga tuya. Es muy poco tiempo que te he conocido pero seguro que eres una de las personas que tienen responsabilidad para este mundo, y eres joven, tienes todavía tiempo para ayudar a dar a la gente otro camino para andar a la libertad, paz y amor.