Nadia desembarca

“…los sueños son materia en movimiento, embriones que se desarrollan y crecen, para eso los que los tenemos necesitamos hacerlos evolucionar y eso se logra más y mejor si se comparten.”
“No te quedes viviendo en la esclavitud de un sistema prefabricado. Fabricad el vuestro.”

msatrapi_persepolisNadia despierta con las imágenes muy vivas en su cabeza. Va recordando instantes de ese viaje onírico que le ha sumergido en lo más profundo de sus sensaciones, de lo que late escondido en su cuerpo y en sus sentidos y que la luz del día los duerme para que no salgan ni emprendan por si solos el temido desembarco. Cuánto sueño ha despertado hoy al amanecer, cuánto amor, cuánta pasión, cuánta vida, cuántas ganas de correr, de andar, de transportar los sueños en cada nueva experiencia, cuánto tiempo perdido revivido en la oscuridad de las noches de fiebre y escalofríos.

Nadia despierta con el cuerpo entrelazado a otro, como raíces que han querido pegarse a lo que una más quiere y desea, a seguir unida a la vida en su más tierna y cruda etapa, la de la espera, la esperanza, el deseo, las ganas. Como fruta que necesita de savia para acabar de madurar y caer y alimentar otras vidas con su dulce jugo. Así despierta, rodeando sus alas a las ramas crecidas bajo el sol y el agua, que le den luz, calor, energía y vida.

Nadia enjuga lágrimas. Se recrea en su sueño de oro. Ha sido una vuelta a Ítaca profunda, bella, soñada, sola. Nadia ha embarcado acompañada, él salta en el primer amarre. Ella sigue, atada a sus cosas, sus mochilas, sus ropas, sus prendas, no puede perder nada. Viste su anorak prestado, como prenda que le protege del frío y la soledad. No encuentra las botas negras que calza cuando quiere ir a paso rápido y firme por las calles de la ciudad. Intenta hacer memoria de dónde tiene todas sus cosas, desperdigadas de proa a popa por el barco, no le da tiempo a desembarcar en el segundo amarre, pero no se demora en llegar a puerto. Piensa en el siguiente, ganará tiempo para seguir pensando en sus cosas, tener toda su vida bien atada entre maletas, mochilas y regalos que le mantienen ligada a sus sueños.

Llega la hora de desembarcar y Nadia lo hace por inercia. La vida la sitúa ahora en aquel puerto, sin saber bien si quiere estar ahora allí, en su santuario, con sus cosas, sola. Siente que una parte de ella está en esa bola del mundo que ha abrazado con todas sus fuerzas, piel con piel con otra alma, que a la vez la abraza a ella formando una gran esfera, luminosa, llena de sol, mares, islas, fuego y aire. Es la vuelta a Ítaca equivocada. Quiere volver a embarcarse, recuperar su calzado para caminar, sus abrazos perdidos y sus pequeñas raíces, sus almas, sus sueños, sus palabras compartidas. Quiere vivir aquí, contigo.

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