Vitosha. La montaña de Nadia

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nevskiHoy habla Nadia. Nadia en Sofia en el día de su onomástica. Hoy Nadia se reencuentra tan embriagada que solo la magnética montaña Vitosha es capaz de comprenderla y guiarla de vuelta a casa por estas calles de penumbra, pobredumbre y alegre humildad de las gentes balcánicas. Escucha las voces búlgaras en la catedral de Alexandar Nevski y siente que están, en su día de celebración de sí misma, avivando el corazón de Nadia, asustada, sola, sensible, incapaz de articular sonido más bello que sus lágrimas para aplaudir el regalo de esas voces búlgaras a la entrada del templo ortodoxo.

No hay sonidos ni palabras para el día de hoy, el de su onomástica. Está Nadia ensimismada, absorta, misteriosa y magnetizada por la montaña. Nadie le quita la sonrisa de su corazón aunque llore y llore sin consuelo. Se abraza a sus memorias de un ayer que se quedó fundido de tanto darle calor, se abraza a su amiga y revive de sus cenizas, se despide de sus amigos en ese tren que sabe que no debe tomar ahora, en este momento en el que solo desea quedarse sola, sola, sola.

Vuelve a casa leyendo en cirílico y encontrando muy escondido su sentido de la orientación, recordando el N-D-K que le lleva a casa: National Palace of Culture. La dirección opuesta para ella es ahora el camino de vuelta al museo de sus recuerdos de los últimos días vividos en su Pompeia: pasión, conocimiento, dolor, desarraigo y guerra. El cuadro del Gernika en su memoria. El arte del Reina Sofía como arma que llevarse consigo en el corazón hasta esta ciudad de nombre en bellas letras cirílicas: София.

Todo es en femenino en esta balcánica urbe: Vitosha, Витоша, su montaña, Bulgaria, Република, de “blagi hora”, personas buenas… Gentes humildes, serias y risueñas, de mirada profunda, de palabras suaves, pacíficas, balcánicas y mediterráneas, eslavas y latinas en sus haceres, elegantes, tranquilas, de gestos profundos, de inteligente trato.

Nadia encuentra en esta mezcla algo parecido a ella y diferente a su entorno, algo cercano en sus voces y algo lejano en sus códigos, pero encuentra el camino entre tantas bifurcaciones, mágica y entrañablemente, misteriosa y racional, lógica y sobrehumana por llegar a tientas, sin luz, ni huellas ni miradas, a la posada de la montaña mágica, para respirar, cerrar los ojos y dejarse mecer por la magia de esta ciudad.

Y de Sofia a… los versos de Istanbul

…quiero que sabes lo que más me gusta en mi última viaje de Madrid a Istanbul es conocerte y charlar contigo. La próxima vez que vengas a Istanbul ya sabes que aquí en la isla tienes una casa de una amiga tuya. Es muy poco tiempo que te he conocido pero seguro que eres una de las personas que tienen responsabilidad para este mundo, y eres joven, tienes todavía tiempo para ayudar a dar a la gente otro camino para andar a la libertad, paz y amor.

 

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