Sentada junto a la barra de aquel bar. Sola y nunca mejor acompañada. A su lado, solo también. Una llamada abre el camino. Las voces se entrelazan. Se susurran alegres. -Voy hacia ti. Ven. Nos rodean besos, copas, risas, charlas, chistes, bromas… Miradas, cuidados, atenciones, complicidades, abrazos. Entre tantos amigos, hermanos, novios, solos tú y yo. Y nuestras manos. Como las voces, como las miradas, se buscan y se entrelazan. Una con una y otra sobre la otra. Y ya no se sueltan jamás. Sentir en el corazón como las manos se miran. No hay más bello gesto de amor.
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