Nadia se queda sola. Serena vuelve sobre sus pasos. Pisando hojas secas del otoño, tocando tierra, musgo, humedades sobre lechos verdes. Ocres, amarillos, rojos, pardos. Plumas negras y picos blancos de los pájaros. Recuerda la voz de Lunia imitada por su padre. Su risa, su felicidad correteando bajo las ramas de los pinos bajos. No hay nada que ahora le pueda parecer tan bello. Jugar en la madre naturaleza. Abrazarse a ella. Nada le puede hacer sentir ahora tanta belleza. Nada. Sólo el frío, la soledad, la hiedra.
Lee y duerme:
Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; porque su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas. ¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad.
El libro de la vida de Khrishnamurti

Mente incorruptible… Suena tan utópico que entonces recuerdo cómo las grandes ideas, al pricipio, todas fueron utópicas.