Retira los flequillos, se calza las gafas, ajusta la visera, mira directa a los rayos del sol, filtra los sonidos, tapona con músicas los oídos, entorna los párpados, engulle viento del poniente… canta:
Mueve las caderas,
sube las cuestas y escaleras,
agita contra sí los muslos…
“sigiloso y concentrado, vigilado todo el fuego… si te digo lo que pienso, lo apuesto todo …”
paladea jugos de sandía y
lava con lejía
su pasión pura, sana, clara como el agua que corre y forma cascadas que desembocan con fogosidad en fríos mares europeos…
piensa en voz baja,
escribe rápida,
siente el calor,
endulza el café,
menea el vientre,
arrastra tormentos,
los ve deslizarse cuesta abajo resbalando por las baldosas de la plaza de las Ventas de Madrid.
Tiene vértigo, siente miedo, el pasado vuelve amenazante,
quiere que vuelvan las mujeres de su vida,
perder el sentido,
enamorarse como la primera vez,
ser madre,
bailar el agua,
sucumbir,
en gozar,
en amar de verdad,
en querer,
dejarse querer,
en desear…

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